Una de ron y la puta puerta del bar

Ron y la puta puerta- Esther Sanz

Ron con coca-cola y no con un ron cualquiera. Estoy hablando de las compañías que te gastas cuando llega la media noche.

Con cada trago viajan a tu garganta las mil lágrimas que dejas corriendo en mi cara de tonta. Estoy hablando de las lágrimas que se suicidan a 300 kilómetros de distancia. ¿Te habla el ron de abrirme las piernas? ¿No te habla de cogerme del pelo y echarme hacia atrás para que veas bien los ojos de quien se muere por ti dentro? ¿No te cuenta que podemos inventar veinticuatro posturas imposibles para darnos un placer inalcanzable de otra manera?  ¿No te ha dicho que el delito se llama no recorrerme el cuerpo a besos? Dime, ¿te ha dicho el ron lo que es despertar con quien te desea desde que abre los ojos a primera hora de la mañana de resaca? No, te habla de subirle la falda a la primera que pasee su cuerpo, cruzando la puerta del bar.

Claro, esto es tema tabú. Yo, que a mis años le quito importancia a las cosas a las que tú se las das, pasé ya la etapa de sentirme poca cosa con un tío que busca un orgasmo en compañía porque le sabe a poco el solitario. Yo, que aprendí que follar en camas sin nombre y repletas de lamentos es otra forma de venderse por una maldita esperanza, la de repetir con alguien a quien le basta desnudarte una vez. No, mira; hace tiempo que fui esa chica tonta que paseaba de cama en cama buscando algo que nunca iba a llegar: la atención y el cariño que me merezco. Pero vivimos en la época del gran tabú: los sentimientos.

Con cada trago viajan a tu garganta los mil te quiero que me has mandado callar. Estoy hablando de los te quiero sinceros que se suicidan entre el pecho y la boca. ¿Te habla el ron de lo que puedes llegar a ser cuando amas a otra persona? ¿No te habla de pálpitos en las manos? ¿No te cuenta lo que significa en realidad un jadeo? ¿No te ha dicho el ron que soy esa clase de mujer lasciva que revierte deseo en desesperación? Dime, ¿te ha dicho el ron lo que es llenar una copa con mis celos? Esos celos que viajan de mirada a mirada pidiendo un mordisco en los labios. No, te habla de subirle la falda a la primera que pasee su cuerpo, cruzando la puta puerta del bar.

Ron con naranja. Me basta cualquier ron de esos que en Punta Cana me servían de agua. Estoy hablando de esa compañía que me he buscado para esta media noche.

Con cada trago viajan a mi garganta los mil “me cago en la puta” que salen de tu boca. Estoy hablando de los me “cago en la puta” que te echan en cara no cruzar 300 kilómetros. ¿Me habla el ron de ese chico que me mira con ganas de jugar? ¿No me habla de besos en ambos lados de mi cuello, bien pegados a mis orejas? ¿No me cuenta lo que significa un “quiero follarte duro aquí y ahora”? ¿No me dice que él no eres tú pero que me va a dar igual? Ya lo ves, ¿no me dice el ron que esto ya no va de sentimientos sino de dejarse llevar por el maldito momento? Sí, me habla de bajarle la bragueta al chico de ojos claros que me mira con ganas de jugar desde la primera copa que puse en mis manos, nada más cruzar la puta puerta del bar.

Claro, esto es tema tabú. Tú, que a tus años le das importancia a las cosas a las que yo se las quito, pasaste ya la etapa de sentirte poca cosa con una tía que buscaba en la mentira una forma cómoda de romper un amor sincero. Noventa noches de porqués en compañía de una cachorra a la que odiabas. Tú, que aprendiste que follar en camas sin nombre y repletas de lamentos que no eran tuyos es otra forma de llevar una vida cómoda, sin intención de repetir desnudar un cuerpo que no es más que un desahogo puntual. No, ya vi; hace tiempo que te convertiste en ese chico listo que se pasea de cama en cama sin buscar algo que nunca ibas a permitir: la atención y el cariño que te mereces. Porque vivimos en la época del gran tabú: los sentimientos.

 

Con cada trago viajan a mi garganta los mil te quiero que te has mandado callar. Estoy hablando de los te quiero sinceros que se suicidan entre el pecho y la boca. ¿Me habla el ron de lo que puedo llegar a hacer cuando amo a otra persona y no soy correspondida? ¿No me habla de miembros duros entre mis manos? ¿No me cuenta lo que significa en realidad un jadeo de quien no me importa una mierda? ¿No me ha dicho el ron que soy esa clase de mujer lasciva que revierte deseo en desesperación en quien ve en mí una puta que no cobra dinero? Ya lo ves, ¿me ha dicho el ron acaso lo que es llenar una copa con tus inexistentes celos? Esos celos que viajan de mirada a mirada pidiendo un basta ya de meterla mano porque esos mordiscos tienen que ir a parar a mis labios. Sí, me habla de bajarle la bragueta al chico de ojos claros que me mira con ganas de jugar desde la primera copa que puse en mis manos, nada más cruzar la puta puerta del bar.

 

He perdido la cuenta de las horas que llevo bebiendo ron. ¿Son tres son cuatro? ¿Eso es Sabina? Espera, ¿es esa la puta puerta del bar? Alguien la cruza, buscando desesperado. Ese alguien a quien no distingo me mira mientras el chico que quería jugar conmigo mete su lengua en mi boca, jadeante y ebrio de ganas. No puedo cerrar los ojos. No quiero cerrarlos. Sus manos se deslizan por encima de la cintura de mi falda, buscando mi desesperación. Quiero más ron. Y ese alguien se abalanza, ese alguien me mira, me quita la copa, la deja en la mesa, me coge la mano y me lleva hacia la puta puerta. Nos para, se gira hacia mí, que sigo atónita, y me besa. Me besa con todo el sabor de quien ansía a quien ama y a quien siempre ha deseado en silencio y con miedos. Me besa sin promesas y sin palabras bien dichas. Me besa como alguien que ha dejado de hacerle caso al ron hace varias horas y que se ha olvidado que existe un tabú llamado sentimientos.


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