El tiempo

canicas

 

De esto que va el eterno tiempo y se detiene. Se para, te mira a los ojos y te pregunta, ¿cómo te va la vida? ¿Vives despacio o voy deprisa?
Observas ensimismada la fachada de esa casa en la que te criaste siendo una niña. Recuerdas los secretos que le contaste a sus paredes, los esbozos de tus primeras letras, tus frustraciones y la mayor de tus penas. Pones rumbo años atrás y todo viene de vuelta. Se suspende tu mirada en un espacio al que nadie echa las cuentas: las tizas en el asfalto tiradas, los vestidos de flores a media pierna, tres bolsas de gominolas, un cuaderno de rayas, cinco pesetas. Seis piernas magulladas por los juegos y alguna pelea, acompañados por seis zapatos negros brillantes, que esconden calcetines blancos, bailando impaciencia en la carretera. Se oye a lo lejos el paseo de dos caballos, el pobre asno y cien ovejas. Su camino huele a mierda y a mierda huele el asfalto. Le sobran escondites a los que buscan, sobra la rayuela. Piden a gritos el coche rojo. El coche rojo que abre su techo en las noches de verano, para mirar arriba y ver las estrellas…
El tiempo es eterno y me grita: Niña, ¿vives despacio o voy deprisa?

 

 

 

 

 

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