Conmigo y dos ruedas con…

Doscientos, trescientos, cuatrocientos…. Pierdo la cuenta de los pedales que necesito marcar en una carrera sin sentido para alcanzar la sombra del sol, ese que se atreve a rozar mi piel al atardecer delante de la sierra madrileña, cubierta por un cielo rojizo que busca en la noche el descanso. ¡Detente y déjame atraparte! Que quiero columpiarme entre tus rayos, porque hoy recorro el camino sola conmigo…. y dos ruedas con las que me peleo bajo mis piernas.

No me preguntes de qué huyo. El nombre del miedo se hace grande en mi garganta y me ahoga. Sólo puedo acallar su reclamo cuanto más fuerte pedaleo y sabes que cuanto más pedaleo, más me alejo.  Si puedo desaparecer convertida en neumáticos y metales, correré hasta fundirme con el final del día porque no quiero recordar la insistencia de un dolor provocado. ¡Detente y déjame atraparte! Que quiero llegar a ser un pedazo de fuego contigo para que al despedirte de mi, tenga fuerzas bastantes para encararme a la luna.

Me acerco peligrosamente donde los riachuelos fluyen débiles e insistentes, donde las ramas de los árboles se preguntan por qué desean tocar el suelo y yo permanezco sola conmigo y dos ruedas con las que trato de alcanzarte allí donde decides pintar de color el mundo que te ve. Pero cuanto más cercana a ti estoy, más te alejas y parece que disfrutas viéndome correr. ¡Detente y déjame atraparte! Que la lluvia se acerca primorosa deseando humedecer cada centímetro de mi cuerpo agotado. ¿Le permito que me abrace?

En la cuenta perdida de pedales absurdos tras las sombras de un recuerdo permanente, me susurras: “ilógico”. Freno de repente y siento el mareo que apresa a los que detienen de golpe sus esfuerzos. La lluvia comienza a caer. Le has robado al cielo los colores que en algún momento decidiste regalarle, has permitido que tu luz se disperse y luche contra la furia de una tormenta fría y yo, sola conmigo me doy cuenta de que no soy más que una chiquilla montada en su bici de dos ruedas con la que paseo de vez en cuando antes de que el sol siga su curso natural y le de paso a la luna. Hoy llueve, cae la noche y debo detenerme en el camino, mas mañana…

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