Ausencias

Abrió los ojos a una mañana donde pequeños rayos de sol se colaban entre las ranuras de la persiana a medio subir. Sintió el peso de una pierna descansado sobre la suya, como algo cotidiano, como parte del todo de un infinito. Sus ojos perezosos rompieron el hechizo de estar ciegos para adentrarse en la realidad de estar tumbada en una cálida cama grande, repleta de cojines blancos, bordados, acurrucada bajo un edredón de plumas también blanco en el que reposaban sus desnudos brazos.

Podría costar respirar hondo. Podría ser que la respiración se quebrara en un espasmo de felicidad.
La saliva se derritió en un viaje corto, descenso a lo profundo de una garganta agrandada de repente. Se dijo despertar. Se dijo despertar para atrapar el sueño de manera eterna. Y sí, su mano se atrevió a levantar un poco la curvatura de su escondite para admirar aquel rostro. Allí descansaba él y de manera tremenda sintió el dolor de verlo junto a ella. Repasó centímetro a centímetro el dibujo, apresándolo por siempre en su memoria, dispuesta a no dejarlo marchar jamás. Sus piernas se estiraron sin querer, sintiendo de nuevo el peso de un ser igualitario, el peso de la libertad y la comprensión de estar junto a un protector amante que conocía cada parte de su cuerpo como un mapa indestructible, como un campo sempiterno de placeres. Sonrió con miedo y se acercó despacio para susurrar las dos palabras más implacables que alguien podría atreverse a pronunciar: te amo.

Uno era el resultado de dos uniones, de dos cuerpos diseñados para acercarse hasta fundirse en solitario, hasta que los cuerpos dejaran de existir para vivirse mutuamente y desaparecer en el acierto de haberse encontrado.
Los rayos de la desordenada luz eran caprichosos también y con voluntad propia interrumpían el embrujo para zambullirse entre los resquicios mínimos de dos labios que se acariciaban, sintiendo la electricidad de pertenecer a un mundo inverso. El despertar de un amado a medio amar.

Volaron sobre la ausencia de entregarse así. Volaron por el sendero donde uno deja de ser para sí y pasa a pertenecer a otro. Dibujaron ausencias creyendo poder permanecer en aquel estado de fortuna trabajada entre ambos sin que el mundo los llamara al tedio.


 

Una canción que me pudo inspirar…

 

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