24 maneras diferentes

24 maneras diferentes

Llevo días queriendo explicarte sin confusiones los porqués de mis síes y mis noes (que esconden siempre un sí detrás disfrazado de miedo) pero lo he intentado de la única manera que me has permitido y no ha sido suficiente. Por eso te escribo aquí, porque sé que eres de los pocos que han sabido apreciar lo que hago alguna vez (esto de dejarme llevar entre las palabras que tú dices que se me dan tan bien), porque no me atrevo aún a recorrer tres horas de distancia impuesta. No porque no esté loca por hacer esas cosas que muy poquita gente es capaz de hacer por otros y no por no querer romper esta tortura. Así que ahora que me he puesto mi falda más valiente y mi espalda lleva ese escote que deja entrever qué siento en realidad, déjame respirar para decirte:

Tengo más de 24 maneras diferentes de pensarte y todas ellas me llevan a una parte irracional de mí misma.

Cuando alguna vez te pienso, me duelen las costuras que se han hecho parte de mi piel porque antes, el dolor me dejó desnuda de una forma triste. No tiene nada que ver con ese tú y yo que hemos querido crearnos y los dos lo sabemos, aunque tú bien conoces las costuras del miedo. Tú las transformaste en frialdad y yo en desconfianza. De igual manera que el frío es esa coraza para mantenerte a salvo tú, la desconfianza me hace opaca e imprevisible.

Para hacer esto que queremos hace falta mucho frío, mucha desconfianza y cero amor.

Porque tengo más de 24 maneras diferentes de desearte y todas ellas me llevan a una oscuridad que solo encontrarán la luz con un espasmo desgarrador.

¿Te he permitido más de lo que debía? Ya no me importa porque lo cierto es que no pienso con claridad cuando nos veo encerrados en nosotros…

Somos dos lenguas que buscan el principio de todo, cuatro manos que se hablan en términos de fuerza… Y asegúrate de agarrarme fuerte las muñecas y de sujetarme bien del pelo cuando quieras desprotegerme de mi poca cordura por mi espalda, porque sino haré lo que hace esa chica mala en la que me convierto… Mirarte a los ojos sin pudor y sorber hasta tu alma.
Somos ese montón de deseos imposibles que se recuperan cuando se desploman sobre el colchón húmedo. Porque tu cuerpo y el mío se dejan de palabras para hablarse y sus términos son calor en medio del frío, seguridad en mitad de la desconfianza.
Porque tus palabras “te voy a echar el polvo de tu vida” y mis palabras “vas a tener el mejor sexo que hayas podido tener hasta ahora” se transforman de 24 maneras diferentes en algo tangible…

En alguien que suda y grita deseos; en alguien que besa y muerde miedos; en alguien que se clava y embiste necesidad de tenernos cuerpo a cuerpo; en alguien que mira y desespera pactar; en alguien que suplica y place paz absoluta; en alguien que rompe las reglas y se da la vuelta para que sea un cara a cara; en alguien que perturba y llora orgasmos bajo la almohada; en alguien que acaricia ángeles con alas y chupa sin vergüenza; en alguien que discute con mis ojos y se esconde entre mi pelo; en alguien que reclama decencia cuando está perdida y se desprende de sus capas, alguien que suspira y repite dos nombres en un duelo; alguien que se hace de otro y otro que se vuelve alguien por un momento.

Son más de 24 maneras de convertirnos en lo que esa noche nos dijimos. Somos más de 24 maneras diferentes de decirnos que nos lo debemos.

Nadie con quien intercambio ciento cuarenta caracteres puede decir que le deseo dentro de mí excepto tú.

 


Dedicado a A. y a nuestro 24 de diciembre.

Podría ser Kansas City…

 

 

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